La Nueva Evangelización surge como una propuesta que el Papa Juan Pablo II hace a los miembros de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) reunidos en Haití en Marzo de 1983, con ocasión de una visita pastoral a Centro América: “La conmemoración del medio milenio de la evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso vuestro como Obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de reevangelización, pero si de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión.”
En su IV Conferencia General, realizada en Octubre de 1992 en República Dominicana, ese organismo definirá en que ha de consistir ese proyecto evangelizador de la Iglesia y trazará las líneas pastorales que han de regir la realización de la que será conocida desde entonces como: LA NUEVA EVANGELIZACIÓN.
Su ejecución tiene como objetivo conducir a los que “han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio” (RedemptorisMissio 33) a proclamar con su vida el señorío de Cristo y a reconocerse como miembros de su Iglesia, aceptando la corresponsabilidad en su misión; y a “dar respuesta, desde la fe, a las nuevas situaciones que surgen de los cambios sociales y culturales de la modernidad” (SD, 26).
